Venía de regreso a casa después de un día de trabajo cuando el cielo cambió.
La lluvia acababa de pasar, el asfalto seguía húmedo y por un momento la calle se sentía extrañamente tranquila. Las luces comenzaban a encenderse y se reflejaban suavemente sobre la carretera, mientras las nubes se pintaban de colores que parecían irreales.
Nada extraordinario estaba pasando. Autos circulando. Personas regresando a casa. Otro atardecer cualquiera.
Pero algo en ese instante me hizo detenerme.
A veces el mundo nos regala escenas silenciosas que parecen demasiado hermosas para ser parte de un día común. Momentos que aparecen sin avisar y desaparecen igual de rápido.
Los miras por un segundo y piensas:
wait... is this true?
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